¡Es que dan papaya! Increíble, de verdad. Si César Farías, técnico de Junior, hubiera dado como explicación cualquier tema táctico, individual, grupal o lo que sea, por la derrota sufrida ante Envigado en el Metropolitano, estuviéramos hablando de otra cosa. Seguro que sí. Pero llegar a decir que se contagiaron del “ambiente festivo” que por esos días se vivió en Barranquilla por los conciertos de Shakira y La Guacherna es lo más ridículo que he escuchado, para tratar de tapar la realidad del fútbol inoperante y sin claro funcionamiento del equipo.
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El Carnaval de Barranquilla, profesor Farías, ha existido toda la vida en “la arenosa”, y no puede ser la excusa perfecta para ocultar las falencias de sus jugadores dentro de las canchas. Que no hicieron “las pequeñas tareas”, se la compro. Pero lo otro ya es una infamia. La verdad.
Aquí hemos visto y escuchado casos de indisciplina en pleno Carnaval. Desde que acompaño a Junior, primero como hincha, y ahora como periodista, son muchas las anécdotas de jugadores locales, nacionales y extranjeros que conozco, que se han “volado la cerca” para vivir una de las fiestas más importantes del mundo. Si los menciono, nunca terminaría esta columna. Lo cierto es que fueron casos individuales que, contados, tuvieron sanciones dentro del club. Ojo: casos individuales. No para determinar que por tal motivo perdieron un partido de fútbol. Ridículo sólo pensarlo.
Por tradición, Junior siempre le ha solicitado a la Dimayor programar sus partidos en la época de carnaval, fuera de Barranquilla. Así no sólo evitan contagiarse del “ambiente festivo” de la ciudad, sino también el no multiplicar la tarea de la fuerza pública que está concentrada en los desfiles, bailes, conciertos y demás durante los cuatro días de jolgorio carnavalero. Eso siempre ha sido así. Lo único que se ve de carnaval dentro del equipo es cuando, previo a un compromiso, en la semana de entrenamiento, la reina de turno se mete de sorpresa a la sede deportiva y asalta con su alegría a los jugadores. O cuando los mismos jugadores, en un partido sea sábado o domingo de carnaval, convierte un gol y lo festejan con la máscara de la marimonda. Nada más.
Ahora bien, pudo existir una sola razón para medio creer que en verdad ellos se dejaron contagiar del “ambiente festivo”. Pero muy por encima: el sitio de concentración de Junior, previo a los partidos, es un hotel de mucho prestigio en la ciudad y Colombia, que para esta época se llena totalmente de ilustres huéspedes del interior del país por nuestras fiestas. El colorido en su lobby, y el sonar de la tambora y la flauta de millo, más el ritmo de una buena cumbia o mapalé, sirvió de bienvenida para todos ellos. Sólo para ellos. Pero hasta ahí.
Sólo como un dato estadístico, los dos conciertos de Shakira y el desfile de Guacherna atrajeron a más de 43 mil visitantes durante ese fin de semana, previo al juego entre Junior y Envigado. En ese orden de ideas, me pregunto.. ¿Fue esa entonces la verdadera razón de la derrota? ¿Las fiestas, los visitantes, el ruido, Shaky, La Guacherna? Noooooo... pura carreta, profe. Por ahí no fue. Que pena, la verdad. O le pregunto, si vió eso antes del juego, ¿por qué no se cambiaron de sitio de concentración? ¿Por qué no lo pensó? La fiesta siempre la hubo. Eso no fue de la noche a la mañana.
Siempre he considerado que la excusa es el consuelo del fracasado. Sé que no es el caso de Farías, un hombre con carrera en selecciones nacionales, y con títulos en su hoja de vida. Por eso sedujo a don Fuad Char. Por eso lo trajeron. Pero volvió a desencantar en Barranquilla. Lástima, profe. Iba bien...