La italiana Cecilia Marogna, imputada en un juicio en el Vaticano por irregularidades financieras, medió entre la Santa Sede y una agencia de inteligencia el pago de un millón de euros por la liberación a la monja colombiana Gloria Cecilia Narváez después de permanecer en cautiverio durante cuatro años en Mali, confesó este viernes, 6 de mayo, el cardenal Angelo Becciu, otro de los acusados.
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El purpurado, a quien el papa retiró sus derechos cardenalicios en septiembre de 2020 al destaparse las irregularidades, habló en sede judicial por primer vez sobre el papel de esta mujer, después de que el pontífice le eximiera de acatar el secreto pontificio, que vela los temas más delicados.
Becciu respondió a todas las acusaciones en una declaración ante el Tribunal del Estado Vaticano y reveló la relación con Marogna, a la que se acusa de gastar en lujos el dinero vaticano que recibía por supuestas labores de asesoría geopolítica.
La “dama del cardenal”, como se la conoce, sirvió de intermediaria entre la Santa Sede y la empresa de inteligencia británica Inkerman en los trámites para liberar a la religiosa en Mali, con el objetivo de que no se vinculara al Vaticano con esa compañía, explicó Becciu.
Sor Gloria Cecilia había sido raptada en Mali el 7 de febrero de 2017 y Becciu propuso al papa acudir a esta empresa de inteligencia, propuesta por Marogna, para liberarla, y el pontífice aceptó. La monja fue finalmente puesta en libertad el 10 de octubre de 2021.
La operación, según acordó Becciu, entonces número dos de la Secretaría de Estado Vaticana (2011-2018), con Inkerman, rondaría el millón de euros y Marogna solo sería “compensada” si tenía éxito (como ocurrió), unos términos también aprobados por Francisco.
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El cardenal lamentó en su declaración las informaciones y rumores que se han vertido sobre su relación con Marogna, “lesivas” también para su “dignidad sacerdotal”.
Este juicio busca aclarar algunas irregularidades en la gestión de los fondos de la secretaria de Estado, sobre todo la compraventa por parte del Vaticano de un exclusivo edificio en el centro de Londres que acabó generando pérdidas por 227 millones.