La decimoquinta edición del Astara Golf Championship 2025 comenzó este jueves 6 de febrero en el Country Club con la presencia de 156 jugadores en representación de 20 países alrededor del mundo y es que su importancia va más allá de la relevancia deportiva. Los campos de golf son esos respiraderos para una vida urbana en constante agitación. No son solo terrenos dedicados al deporte; son piezas cuidadosamente diseñadas que entretejen el arte del paisajismo con la lógica de la ecología, creando un refugio donde naturaleza y urbanismo encuentran un equilibrio mágico.
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En contexto: Llega a Bogotá la decimoquinta edición de Astara Golf Championship con 156 jugadores de 20 países del mundo
Colombia cuenta con cerca de 85 clubes sociales, en los que yacen la mayoría de campos de esta disciplina, que suman más de 400.000 socios. Uno de ellos, el Country Club, sede del Astara Golf Championship 2025, el torneo de golf más relevante del país y uno de los mejores de Latinoamérica que integra el prestigioso Korn Ferry Tour del PGA Tour. Este evento ha posicionado a Colombia en el mapa deportivo mundial y refuerza el compromiso con la preservación de espacios verdes y su importancia dentro de la ciudad.
Es que, además de su estética, estos espacios ofrecen algo más profundo: beneficios ambientales que filtran el aire, retienen agua y hospedan biodiversidad, un impacto social que invita al encuentro y la contemplación. En una época que clama por sostenibilidad, los campos de golf son oasis que recuerdan que la naturaleza siempre tiene cabida en el paisaje urbano.
“Los campos de golf tienen que ver con el urbanismo sostenible, ya que se centra en crear entornos resilientes que favorezcan el uso eficiente de los recursos como el agua, la energía o el suelo, la movilidad sostenible, preserven los espacios verdes y promuevan la inclusividad social. Esto se traduce en ciudades más habitables, con menor huella ecológica, mejor calidad del aire y una conexión armoniosa entre la naturaleza y la vida urbana”, afirma María Claudia Aponte, diseñadora y especialista en arquitectura sostenible.
La vegetación autóctona utilizada en su planificación constructiva y su ingeniería, dialoga con la conservación de estos lugares que son ecosistemas desde hace siglos, y que también ayudan a mitigar el impacto ambiental al reducir el consumo de agua y minimizar la necesidad de productos químicos. Este enfoque estético-funcional combina lo mejor del paisajismo con el compromiso ecológico.
Por si fuera poco, en urbes en las que los niveles de contaminación aumentan, ofrecen algo invaluable: aire limpio. La capacidad de árboles, arbustos y césped para capturar dióxido de carbono y producir oxígeno convierte a estas instalaciones en aliados esenciales contra el cambio climático. Adicionalmente, su función como espacios de infiltración de agua contribuye a prevenir inundaciones y a recargar los acuíferos.