Anthony Zambrano, medallista de plata para Colombia en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 y nuevo número uno en el escalafón de World Atheltics en los 400m, habló en exclusiva con PUBLIMETRO de su gesta en territorio japonés.
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Antes de todo, el aleta quiso manifestar que su intención es brindar alegría al país.
“Todo lo hago con amor y aprecio porque necesitamos alegría. Es lo más lindo que tenemos y con mi medalla espero contribuir a dar felicidad”.
¿Pasa algo por la mente en esos 44 segundos?
“Se vienen muchas cosas. El esfuerzo de los años preparando ese momento. Esos segundos pasan muy rápido. Cierras los ojos y cuando los abres ya estás en la meta”.
¿Nervios antes de la final?
“Muchos. Uno es un ser humano y se asusta. Sentía miedo, me sentía presionado porque sabía que todo el país tenía esperanzas en mí. Tenía la adrenalina tan arriba que me tocó orinar varias veces para tranquilizarme.
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Me propuse ser medallista desde que empecé a competir y lo logré. Entonces el miedo se tiene que ir a un lado. Cuando te dicen ‘listo’, ya fue todo y a correr”.
¿Afinando algo el resultado pudo ser mejor?
“No era momento de inventar. Una modificación podía costar no el segundo puesto o el tercero, sino que podíamos acabar quintos o sextos. Teníamos que terminar como veníamos, sin cambios de última hora. Puedes afectar todo, lesionarte, arruinar la carrera.
El otro año se buscará optimizar. Uno va ganando experiencia, con cada carrera va mejorando de a poco y se va acomodando. Corregiremos detalles.
Mi sueño es bajar a 42 segundos. Es poco a poco, duré tres años para bajar un segundo. Pero cuando te propones algo y no te pones límites haces lo imposible”.
Pandemia
“Muy dura la preparación. Inicialmente Europa nos cerró las puertas, Estados Unidos también. Por eso nos tocó concentrarnos primero en Ecuador.
Teníamos que hacer PCR día de por medio. Fue muy duro, pero tocaba hacer un esfuerzo y sacrificio. Se hizo y valió la pena”.
Zapatillas doradas
“Desde que llegó adidas a patrocinarme mi vida ha cambiado. Me han consentido, me han dado lo que he querido.
Siempre había soñado con unos zapatos dorados y ahora los tengo, me encantan. La suela me fascina por el color. A mí me encanta el oro, entonces desde que comencé a correr con Adizero Finesse sentí el ‘power’. Tienen unos clavos especiales, son como de salto triple. Me acoplé y ellos se acoplaron a mis piernas. Me siento orgulloso de competir con esta gran marca que me abrió las puertas cuando otras me las cerraron”.
No siempre fueron zapatos dorados
“Lastimosamente mi madre no contaba con muchos recursos. Lo que ella ganaba como domestica alcanzaba para solventar la comida y lo básico en la casa.
En el colegio me dijeron que si quería participar en los Intercolegiados, pero no tenía tenis y si cogía los de diario se me dañaban. Entonces, le propuse al profesor: ‘yo le corro en medias y si se me dañan usted me las paga’, él dijo que sí y ahí comenzó todo.
Después tuve unos con la suela muy dura, pero cuando uno quiere salir adelante nada es imposible. Antes no tenía un zapato y ahora me sobran, los tengo a montones”.
¿Por qué el atletismo?
“Yo era futbolista. Me gusta mucho el fútbol, pero para ser profesional ahí toca tener mucho talento y palanca. Entonces me vi reflejado en el atletismo porque empecé a ganar.
Con 15 días practicando le ganaba a gente que llevaba más de cinco años. De una vez clasifiqué a Intercolegiados Nacionales (Turbo, Antioquia), fui segundo en los 300 metros. Me vi con la medalla, todos me felicitaban y vi que acá pasaba algo, entonces seguí en el cuento”.
Su camino
“Tuve muchas dificultades. Me tocó irme para Bogotá con 15 años a entrenar, sin zapatos adecuados y a veces no había para comer. Me fui a vivir con los marchistas, les ayudaba, cocinaba, barría y ellos me regalaban el plato de comida. Mientras, economizaba para comprarme un par de zapaticos buenos.
Luego fui revelación en Cali 2015 y apareció el profesor Nelson Gutiérrez. Él me quería entrenar, pero yo no tenía la edad para viajar (España). Cuando cumplí los 18 años le dije que la única forma de ir era que me prestara dinero y apenas comenzara a competir le pagaba, y así fue. Cuando lo conocí todo cambió. Fui compitiendo, me fue subiendo el sueldo y le fui pagando.
Lo más importante de mi vida fue conocerlo a él. Es mi psicólogo, es mi padre, mi amigo y mi hermano. También, Caridad Martínez, mi fisioterapeuta. Ellos me abrieron las puertas de sus casas. Estoy donde estoy gracias a ellos y sus consejos”.
¿Qué hacer para tener más Zambranos?
“Foguearse con potencias como Jamaica y Estados Unidos. Los podemos derrotar.
Apoyar a los entrenadores y capacitarlos. Muchos tienen teorías obsoletas. Se tiene que ayudar a que estudien más y actualizar conceptos. Enviarlos al exterior a que se renueven. Me voy a poner a ayudarlos. Mi opinión ahora vale más, me escuchan, atienden mis consejos”.
¿Más allá del atletismo?
“Yo no nací para ser esclavo de nadie, nací para trabajar para mí y vivir bien. No me gusta vivir como rico, pero sí tener mis cosas, estar cómodo.
Considero que el estudio es muy importante. Quería comenzar este año, pero por la pandemia y los Olímpicos no pude. Tengo fijado comenzar el otro año. Voy a estudiar contaduría pública”.
¿Mototaxista, albañil, mecánico, con cuál se queda?
“En todas me iba bien, me dicen De Todito. Mi afición son las motos y tengo 12. Cuando llegó a Colombia voy al taller de un amigo. Me gusta desarmarlas, volverlas a equipar, ponerlas bonitas e ir a los cuartos de milla. Al escuchar el sonido de los motores me siento relajado con la bulla, es algo que nunca voy a cambiar y me va a quedar por siempre”.
Anthony Zambrano: de correr descalzo a brillar con tenis dorados